La fascinante narrativa de un directivo de Sega que rompió un contrato con Nvidia pero igualmente invirtió en la empresa para impedir su bancarrota.

Hoy en día, Nvidia se posiciona como la tercera compañía más valiosa a nivel mundial, con una capitalización bursátil cercana a los tres billones de dólares. Sin embargo, sin los modestos 5 millones de dólares prestados por Shoichiro Irimajiri para evitar su quiebra, Nvidia no tendría existencia actualmente.

La curiosa historia, documentada por The Wall Street Sights, se remonta al año 1996, cuando Sega estaba desarrollando la consola Dreamcast, y contrató a la incipiente empresa Nvidia para el diseño de su GPU.

Este era el periodo de transición de los gráficos 2D a 3D. Las primeras GPU que renderizaban gráficos 3D por hardware, como 3DFX Voodoo, comenzaban a surgir en el mercado, y videojuegos como Doom proponían nuevas experiencias de juego.

El CEO de Sega que salvó a Nvidia

Probablemente conozcas a Ayrton Senna, el legendario piloto de Fórmula 1. Lo que pocos saben es que muchas de sus victorias fueron posibles gracias a un motor Honda diseñado por Shoichiro Irimajiri.

Irimajiri, que en principio deseaba ser piloto de aviones, destacó por diseñar los motores más potentes de Honda para competiciones de motociclismo y Fórmula 1 a principios de los años 80. «Tenía ideas consideradas imposibles por otros ingenieros», reportaba la prensa de la época. Llegó a ser el presidente más joven de Honda en 1982.

Posteriormente, Irimajiri se trasladó a supervisar la filial de Honda en Estados Unidos, pero en 1992 sufrió una enfermedad cardíaca inducida por el estrés, lo que lo llevó a renunciar a la compañía.

En 1993, un amigo lo convenció de aceptar el cargo de vicepresidente en Sega, con el desafío de competir contra Nintendo. Para 1996, Irimajiri ya era el CEO de Sega en América y de toda la empresa.

Shoichiro Irimajiri asumió el liderazgo en el diseño de la consola Dreamcast, la primera consola con conexión a Internet de salida de la historia.

El interés de Irimajiri se centró en una emergente empresa llamada Nvidia, especializada en el diseño de chips para gráficos 3D. Aunque era una compañía recién fundada, Irimajiri quedó impresionado por la audacia y confianza de su joven CEO, Jensen Huang.

En aquel entonces, Nvidia era una empresa en desarrollo, poco conocida en el mercado de las GPU. A pesar de esto, Shoichiro Irimajiri confió en su potencial y les encomendó el diseño de la GPU para la Dreamcast.

Jensen Huang invirtió todo su capital en diseñar un chip que utilizaba cuadrados para renderizar gráficos, en contraposición al método de la competencia que empleaba triángulos, resultando más eficiente. Por ende, las GPU de Nvidia resultaron superiores.

Nvidia, junto a Jensen Huang, se encontraban al borde de la ruina al haber agotado todo su capital. Los escenarios posibles eran romper el contrato con Sega y enfrentar la quiebra, o continuar con la GPU a sabiendas de que sería más lenta que la de la competencia, lo que llevaría a la bancarrota al no ser adquirida por Sega. Ambos caminos conducían al mismo desenlace: la clausura de Nvidia.

Tras percatarse de la falta de cumplimiento por parte de la GPU, Irimajiri rescindió el contrato con Nvidia. Posteriormente, la Dreamcast incorporó una GPU PowerVR de NEC.

No obstante, ocurrió algo inesperado. A pesar del fracaso, Irimajiri confiaba en Jensen Huang y decidió invertir 5 millones de dólares en Nvidia, cantidad necesaria para concluir una nueva GPU destinada a PCs.

A pesar de ser el CEO, a Irimajiri le costó persuadir a la junta directiva de Sega para que invirtiera en una empresa recién fracasada en el diseño de una GPU.

Finalmente, se logró reunir el financiamiento y todos resultaron beneficiados: gracias a esa inversión, Nvidia pudo fabricar una tarjeta para PC que resultó ser un rotundo éxito. Con el paso del tiempo, se posicionó como líder del mercado. Sega, por su parte, vendió su participación en Nvidia tres años después por 15 millones de dólares, triplicando su inversión inicial.

Lamentablemente, la Dreamcast resultó un fracaso y Shoichiro Irimajiri fue destituido de su cargo. A sus 84 años, continúa trabajando como consultor en su propia empresa.

Habían pasado más de dos décadas desde la última vez que Irimajiri habló con Jensen Huang, el CEO de Nvidia. Hace unos meses, le envió un correo electrónico invitándolo a participar en una conferencia sobre IA en Japón.

Con pocas expectativas de respuesta, Irimajiri pensaba que Huang lo había olvidado. Sin embargo, minutos después de enviar el correo, recibió la contestación: «Estimado Irimajiri-san, estoy encantado de ayudar en lo que necesites».

Existen favores que perduran a lo largo del tiempo, incluso después de tres décadas. Un gesto que hoy en día vale casi tres billones de dólares. Pero, sobre todo, representa la confianza en medio del fracaso. Un favor que se guarda en el corazón para toda la vida.

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