El río Jalón, que rodea el pueblo en un meandro perfecto, las imponentes paredes de roca de las hoces, de tonos rojizos, con icónicas peñas que revelan la presencia de buitres volando por esta área, y el verdor de la vegetación que acompaña a ambos lados del cauce crean una impresionante imagen.
La rica diversidad de vida silvestre en esta región, donde destaca la avifauna, se puede apreciar desde Somaén hasta el despoblado de Avenales, siguiendo el arroyo del Salobral de Avenales. A lo largo de él, se contrasta la presencia de pequeñas especies acuáticas y la llegada de grandes aves como buitres, águilas o halcones en las zonas altas de las rocas.
Por otro lado, en los alrededores de Somaén, varios miradores, como el de la Peña de los Buitres, nos brindan la oportunidad de contemplar, desde la parte más elevada, el espectáculo del cañón con el pueblo en el fondo, ofreciéndonos una visión de la privilegiada ubicación de este lugar.
CUANDO VALE LA PENA SALVAR UN PUEBLO
Es necesario retroceder a los años 70 del siglo pasado para entender el origen del renacimiento de Somaén, cuando probablemente se evitó que se sumara a la lista de pueblos abandonados en la España rural.
Fue en ese período cuando el arquitecto madrileño Manuel de la Torre Álvarez adquirió el castillo de Somaén con la intención de convertirlo en una posada. Sin conformarse con eso, continuó su labor con la restauración de varias casas en ruinas del barrio Alto, situado al pie de la roca donde se alzaba la fortaleza, creando hermosas casonas con jardines que conservan toda la esencia y el estilo del entorno, respetando la arquitectura tradicional de la zona.


